De como el ostracismo salvó a Atenas de los Persas

Hoy volvemos a las historias de la Antigüedad. Vamos a ver de donde viene la palabra ostracismo, los peculiares métodos que tenían los atenienses para proteger su democracia y de como vencieron a Jerjes I gracias a una votación popular.

Empecemos.

El Ostracismo

El partenon

Estamos en el siglo V antes de cristo. Atenas vivía en un sistema democrático bastante avanzado, en el que la mayoría de las decisiones de importancia para la ciudad se sometían a voto entre los ciudadanos libres. Dicha democracia debía ser defendida de aquellos ávidos de poder que pudieran ponerla en peligro. Para ello, existía una votación especial que se celebraba normalmente una vez al año.

La idea consistía en que cada ciudadano cogía un trozo de cerámica y, si lo consideraba apropiado, apuntaba el nombre de cualquier otro ciudadano. Después se contaban los nombres. Si se daba el caso de que un ateniense recibiese más de 6000 votos en contra, era expulsado de la ciudad durante 10 años, aunque mantenía su honor y posesiones. De este modo, Atenas se defendía de los enemigos de la democracia.

A día de hoy se dice que una persona que ha sido apartada y olvidada por la sociedad, es una persona que vive en el ostracismo. Esta palabra viene de la griega “ostrakon”, que era el nombre del pequeño trozo de cerámica usado en estas votaciones.

Llega Jerjes

Temistocles

Temistocles

Estamos en el 480 a.C. Jerjes, rey de Persia, inicia la conquista de la península griega. Tras derrotar a los espartanos en la Batalla de las Termópilas, prosiguió su marcha contra las polis griegas. Los atenienses acudieron al oráculo de Délfos y pidieron a las sacerdotisas que consultaran a los dioses el futuro de la ciudad. Las sacerdotisas transmitieron el mensaje de los dioses: “La ciudad será destruida, a no ser que fuese formada una muralla de madera“.

Dos lideres atenienses presentaron dos versiones sobre el vaticinio. Uno era Arístides, llamado el Justo, que afirmaba que había que construir una muralla de madera alrededor de la ciudad. El otro, Temístocles , defendía que el mensaje de los dioses era una simple metáfora. Que lo que había que hacer era una gran flota de barcos. En concreto, de los nuevos trirremes, rápidos y poderos barcos dotados de tres filas de remeros. Una muralla de barcos construidos en madera.

Quiso un golpe del destino, o los dioses de la Acrópolis, quien sabe, que los atenienses descubriesen justo en ese momento una gran mina de plata cercana la ciudad. El descubrimiento era una gran fortuna. Había llegado pues el momento de decidir. Jerjes estaba teniendo problemas en territorio egipcio, pero parecía que acabaría por solucionarlos y su siguiente objetivo sería Atenas. No había mucho tiempo.

La votación

Temístocles defendía la compra de toda una flota con ese dinero. Arístides el justo afirmaba que había que construir una muralla y repartir las riquezas entre los ciudadanos. Tras muchas deliberaciones, se decidió convocar el ostracismo. Uno de ellos recibiría más votos y sería exiliado, pudiendo así actuar el ganador libremente.

Se cuenta que Arístides caminaba por la zona de votación, pensando en su futuro y en el de Atenas, y se le acercó un ciudadano, que no le reconoció. El ciudadano le dijo, “no sé escribir, ¿puedes escribir Arístides en mi ostrakon?” Él le miró, “¿por qué quieres condenar a Arístides? ¿Tienes algo contra él?”. “No, él nunca me ha hecho nada. Simplemente estoy harto de que todo el mundo le llame el justo”.

Arístides escribió su nombre en silencio, como le había pedido su conciudadano, y siguió caminando. Finalmente, perdió la votación y tuvo que marchar al ostracismo.

Un voto contra Aristides
Uno de los ostrakón, o votos, contra Aristides

Las consecuencias

¿Y qué pasó? Pues bien, con el dinero de las minas, Temistocles reunió una flota de trirremes, mientras las tropas persas avanzaban contra la ciudad. Viendo que no iban a poder defender la ciudad, los atenienses se retiraron a las islas de la zona, junto a sus aliados de Esparta, mientras Atenas era saqueada. Pero los persas cometieron un error. En vez de asediar a los refugiados griegos y vencerlos por agotamiento, se decidieron a atacar, engañados por una serie de falsos mensajes de Temistocles.

El enfrentamiento contra los persas ocurrió en en el estrecho de Salamina. En él, los nuevos trirremes atenienses comandados por Temístocles consiguieron la victoria frente a la armada persa, a pesar de que estos contaban con alrededor de 4000 barcos frente a los 400 griegos. Los Persas se vieron obligado a retirar muchas de sus tropas de vuelta a Asia, al no poder abastecerlas.

Un Trireme

Meses después, las fuerzas griegas darían el golpe definitivo en Platea, venciendo por fin a Jerjes. Decir que en estaba batalla se encontraba Aristides el justo, otra vez junto a sus conciudadanos, defendiendo entre todos su amada ciudad.

Fuentes

La fuente principal es “Los Griegos”, de Isaac Asimov, amablemente cedida por EnderTeruel ¡Gracias!
La información adicional está sacada de la wikipedia, especialmente el final de la historia con Jerjes

Las imágenes son de Wikicommons

7 comentarios en “De como el ostracismo salvó a Atenas de los Persas”

  1. “Jerjes, sátrapa de Persia”.
    Jerjes no era un sátrapa persa, era el emperador o rey de reyes.
    Los sátrapas eran los gobernadores de cada una de las provincias en las que se dividía el imperio persa, llamadas satrapías.

  2. June tiene razón, llamar sátrapa a Jerjes es como decir que Obama es el gobernador de USA.

    Saludos, buen texto.

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