El caminante y el sendero

El caminante seguía hacia su destino cuando reparó en algo que le llamó poderosamente la atención. El camino por el que él andaba era un camino arido, apenas rodeado de vegetación, feo y agreste. No era un mál camino para viajar, al contrario, se andaba bien por él y era dificil perderse, pues estaba debidamente señalizado. Por él caminaba mucha gente, cada uno metido en sus pensamientos y todos en la misma dirección. El caminante observó, y esto fue lo que le sorprendió, que a la distancia a la que se encuentra el horizonte se veía otro sendero. Este sendero estaba rodeado de árboles y flores y era acompañado por un riachuelo que distraería con su melodía a aquel que por el sendero viajes. El caminante pensó que ese camino sin duda era más agradable y hermoso y le extrañó ver las pocas personas que por él caminaban en comparación con aquel donde se encontraba. Le hizo saber su inquietud a uno de los que con él transitaban.

Amigo, ¿Por qué vamos la mayoría por este camino siendo aquel de la lejanía mucho más hermoso?

El otro se le quedó mirando y le replicó:

¿No ves las señales? Este es el camino por donde hemos de ir, porque así está indicado. Los que están en ese camino son unos privilegiados, sin duda.

Poco convenció la respuesta al caminante. Tras pensarlo un instante se saltó las señales y empezó a caminar hacia el sendero. Vió que no era el único, que otros habían hecho lo mismo y le acompañaban. Feliz por ello siguió caminando hacia el sendero. La distancia que separaba a ambos recorridos no era demasiado larga, pero si de muy dificil caminar. Llena de piedras, barrancos, lodazales y muchos más obstáculos. Triste vió como algunos de sus compañeros se quedaron parados y, temerosos de que les pasará algo, volvieron atrás, al camino marcado. El caminante siguió hacia adelante, resuelto a llegar al camino que había vislunbrado.

Finalmente llegó a él y vió que era un sendero mucho mejor, más hermoso y más agradable. Se acercó a uno de los camina por allí y le preguntó si el sabía por que eran tan pocos los que allí estaban.

La mayoría no se atreve a venir aquí. Les asusta el riesgo y prefieren ir por el camino normal, aunque envidien a los que aquí estamos. Además, ¿no dicen las señales y los indicadores que el camino normal es el correcto? Ellos así lo piensan, pero no se han detenido a pensar si esos indicadores están en lo cierto.

El caminante se sintió feliz por haberse parado a pensar si había un camino mejor y no haber tenido miedo en alcanzarlo. Y siguió por el nuevo sendero.