Hay que salir de este infierno

Una de las principales pegas de ser ingeniero es que trabajas con fechas de entregas. Es decir si tu empresa se compromete a entregar un proyecto para un día concreto, pues debe estar para ese día. Dicho de otra forma, si el empresario acepta un proyecto complicado a hacer en poco tiempo y lo acepta, porque este tipo de encargos se pagan bien, que se jodan los trabajadores que se traguen el marrón.

Bueno, yo estuve en ese plan desde Abril hasta Julio. Cuatro meses entrando a las 9 de la mañana y saliendo a las 10 de la noche. Más algún que otro sábado, algún que otro día de fiesta, puentes que se perdían, días que te quedabas hasta las doce o incluso hasta las una o incluso hasta las dos. Esperando que el cliente mande una información sin la cual no puedes seguir, que tarde 3 semanas en dártela y cuando lo hacen, te pidan que aquello que habías tenido parado por haber estado a la espera tiene que estar para el próximo día (y si esto te lo dicen un viernes a las 2 de la tarde, pues imaginaros que significa eso)

Me acuerdo que durante esa época recorté un titular del Qué que ponía â??Hay que salir de este infiernoâ? y lo pegué en mi puesto de trabajo. Ahí sigue, en la torre del ordenador, recordando el pasado que no debería volver a repetirse.

Lo malo no era tener que quedarse un día, o dos, o una semana, hasta las 10 o las 11. Lo malo era saber que la semana siguiente sería igual. Y la siguiente. Por cierto, durante esa época cobraba más, pero ¿de que sirve el dinero si te quitan todo tu tiempo libre?

Ahora estoy tranquilo, no sé si el decirle al dueño de la empresa que si me volvían a meter en un proyecto así me largaba directamente influyó en algo. Dijo que aceptar ese proyecto fue un error, que no se volvería a repetir, que ahora estaban contratando a mas gente para evitar ese tipo de apretones. Mentira.

Cogieron un proyecto aún más grande y con plazos similares. Se llevaron a 6 personas para hacerlo. Algunos de ellos ya estuvieron conmigo en el infierno. Otra vez horarios de 50 horas semanales cobrando una mierda. Y de repente noticia bomba. El plazo de entrega se acorta. De tener que estar hecho para el 2 de Enero, debe estar para el 25 de Noviembre. Por supuesto esto te lo dicen una semana antes.

Pues nada, a quedarse hasta las once, doce todos los días. Se acerca el día de la entrega, el 25 de noviembre y el jefe de proyecto, el encargado de que todo vaya bien, se va a Liverpool a ver el Betis. Total es socio de la empresa, hace lo que quiera. A fin de cuentas, mientras el resto de la gente echaba 12 horas al día, él se pasaba 2 o 3 horitas y a su casa, que tiene cosas que hacer, ¿qué más da si en el momento más crítico se va de viaje? Total para lo que iba a hacer.

Y llega el 25 y todo falla. Normal. El 25 a las nueve llaman para avisar que las condiciones en que se van a entregar el proyecto han cambiado otra vez. Nada funciona. Y cuando el responsable llega, después del desastre, con cara de resaca después de su viaje a Liverpool, pues bronca.

Este fin de semana, hay cuatro compañeros y amigos míos que en vez de estar descansando después de dos semanas saliendo a las once de la noche, están encerrados en una oficina, programando. Hay un jefe de proyecto en su casa, que se pasará un par de horas por la oficina para hacer el paripé. Hay un empresario con los bolsillos aún mas llenos. Y hay un cliente, un políticucho de la Junta de Andalucía por más señas, que el lunes llamará para decir que hay más cosas que hacer y menos tiempo para hacerlas.