El marciano, de Andy Weir

Estoy atrapado en Marte. No tengo forma de comunicarme con la Tierra. Todos piensan que estoy muerto. Estoy en un habitáculo diseñado para durar treinta días.
Si el oxigenador se rompe, me asfixiaré. Si el purificador de agua se rompe, moriré de sed. Si el habitáculo pierde estanqueidad, explotaré. Si no ocurre ninguna de esas cosas, me quedaré sin comida y moriré de hambre.
Así que sí. Estoy jodido.

El marciano es el libro de ciencia ficción de moda de estos últimos años. De ser autopublicado por su autor debido a que ninguna editorial confiaba en que pudiera tener éxito, a ser adaptado al cine por Ridley Scott.

El marciano es un libro de supervivencia y ciencia. El protagonista, Mark Watney, es un astronauta que está en una misión de la NASA en el planeta Marte. La duración estimada es de un mes, pero a los pocos días ocurre una emergencia y tienen que volver. A Watney le dan por muerto y le dejan en el planeta rojo. Pero no está muerto, sigue vivo y ahora está atrapado en Marte. Con la nave para el regreso fuera y las comunicaciones rotas, tendrá que usar sus conocimientos para encontrar una forma de volver a la tierra. Si puede evitar morirse antes de hambre.

El libro está narrado en primera persona, como si fuera el diario en el que va registrando Watney sus peripecias. Este es el mayor acierto de la novela. El protagonista es un cachondo mental que afronta su situación con todo el buen humor que puede. Su situación es desesperada y está casi seguro de que morirá así pero bueno, ¿por que no tomártelo con algo de humor?

Marte desde la sonda Curiosity

La narración de Watney hará que nos alegremos cuando algo le salga bien y que nos cabreemos cuando Marte se empeñe en ponerle las cosas difíciles. En una historia de este tipo es básico que conectemos con el protagonista y esto es algo que la novela consigue de forma espléndida.

¿Defectos? Pues el libro tiene varios. El primero es que a veces resulta confuso. El autor ha tratado de ser fiel a la ciencia y a la ingeniería aeroespacial en todo momento. Esto es un punto a favor, el inconveniente es que a veces resultad complicado saber que está haciendo Watney exactamente. Las explicaciones pueden resultar demasiado técnicas y es fácil perderse.

Otro problema es que en la segunda mitad del libro se puede hacer un poco repetitivo. Tampoco es que Marte sea un escenario muy variado, la verdad.

Pero estos defectos son menores. Es bastante probable que el libro te enganche, gracias a la gran personalidad de su protagonista, y te lo leas en un par de días. Tampoco es un libro muy largo.

En general, una lectura muy recomendable, incluso para los no aficionados a la ciencia-ficción o a la temática espacial.

Nota: Notable.

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La imagen que ilustra esta entrada fue tomada por la sonda Discovery: Curiosity’s Color View of Martian Dune After Crossing It

¿Hay alguién allí? Las veces que creímos recibir respuesta

Si sólo estamos nosotros, cuanto espacio desaprovechado
Carl Sagan

Desde que descubrimos la inmensidad del universo, una de las preguntas que empezó a hacerse la humanidad es ¿hay alguién allí? De momento, la respuesta parece ser un rotundo y desolador NO. Sin embargo, ha habido ocasiones en la historia de la humanidad en la que algunos creyeron que la respuesta era otra, y que realmente no estábamos solos.

Finales del siglo XIX: Los canales de Marte

Estamos en una época en la que nuestra capacidad para escudriñar el espacio era aún más escasa que la que tenemos en la actualidad y el conocimiento de nuestro propio sistema solar era mínimo. De nuestro vecino Marte conocíamos apenas dos cosas, que posee casquetes polares de hielo y que el resto del planeta es un inmenso desierto, en especial las zonas ecuatoriales.

En 1877 la órbita marciana colocaba al planeta en una posición perfecta para ser observado. Aprovechando estas circunstancias el italiano Giovanni Schiaparelli realizó un estudio detallado de la superficie marciana. En ella descubrió una serie de canales, que él consideró eran una especie de ríos por los que circulaba el agua desde los polos al resto del planeta, lo que permitiría la presencia de vida orgánica en el planeta.

Los canales de Marte

Schiaparelli era un científico reputado conocido por haber demostrado, entre otras cosas, que las llamadas “lluvias de estrellas”, como las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo, corresponden al paso de cometas cerca de nuestra órbita. Así que sus estudios fueron tomados en consideración por muchos miembros de la comunidad científica.

Entre ellos se encontraba Percival Lowell, otro reputado astrónomo. Lowell fue más allá de los estudios de Schiaparelli y afirmó que los ríos marcianos no eran sino canales artificiales, creados por seres inteligentes para traer agua desde el polo a unas hipotéticas zonas de cultivo.

Lowell escribió tres libros defendiendo su teoría sobre los marcianos. En ellos describía a esta hipotética cultura marciana como una sociedad al borde de la extinción, que trataba de obtener agua desesperadamente para evitar la extinción. Estas historias fueron bien acogidas en la cultura popular e inspirarían libros como La Guerra de los Mundos, de H.G. Wells, en el que los marcianos nos atacan ferozmente.

Sin embargo la mayoría de la comunidad científica consideraba sus conclusiones exageraciones sin apenas base. Así, poco a poco, la mayoría de astrónomos fueron desechando las ideas de Lowell. Por suerte, Lowell supo ver su error y dejó sus hipótesis marcianas para centrarse en la búsqueda de un supuesto planeta que estaría situado más allá de la órbita de Neptuno. Aunque no lo encontró en vida, sus trabajos permitieron que el astrónomo norteamericano Clyde Tombaugh descubriera este planeta al que llamó Plutón, en honor a Percival Lowell (Las iniciales de Lowell, PL son las iniciales de Plutón)

1967: El faro de las estrellas

En 1967 en un observatorio astronómico en Cambridge, el profesor Antony Hewish y su alumna de graduado Jocelyn Bell, detectaron una extraña señal proveniente del espacio. La señal se diferenciaba de las tantas otras que se captan desde espacio por una importante peculiaridad, su extrema periodicidad. En concreto la señal se repetía de manera exacta en un periodo de 1.3373 segundos. Puedes escuchar el sonido aproximado en este vídeo:



Esta regularidad desconcertó a los científicos. ¿Qué podría crear una señal así? Entre las posibilidades se consideró como posibilidad que fuera una señal artificial, creada por algún tipo de seres inteligentes. Una especie de faro para guiar a unos posibles viajantes por el espacio. O tal vez algún sistema de comunicación, un grito de “Aquí estamos” audible a miles de años luz.

Aunque es cierto que esta autoría alienígena no se tomo excesivamente en serio, la señal fue bautizada LGM-1, siglas de Little Green Men, Hombrecillos verdes, una manera de llamar a los extraterrestres muy común en la cultura popular.

Como era de esperar, incluso por los propios científicos, la señal tenía un origen natural, aunque no menos interesante. Estaba causada por una estrella de neutrones, es decir, los restos de una estrella que, tras explotar como Super Nova, constituyen una nueva estrella, formada únicamente por neutrones agrupados en una estructura de una densidad extrema.

La señal periódica, llamada Pulsar, se crea debido a la radiación disparada por la estrella en su giro. El hecho de que dicha señal sea tan regular proviene de la estructura hiperdensa de la estrella de neutrones.

Antony Hewish recibió el Nobel de Física por este descubrimiento y su explicación

1977: Wow! ¡Los extraterrestres!

En 1970, bajo el auspicio de la NASA, se inició el programa para la búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) La idea de este programa es rastrear el universo, buscando señales de radio artificiales enviadas por algún tipo de seres inteligentes más allá de nuestro sistema solar.

El sistema funciona mediante una serie de radiotelescopios que escuchan las señales recibidas desde el espacio, buscando anomalías. Las señales reciben un código en función de su intensidad. Las de menor intensidad, reciben el código 1. Según aumenta el rango de intensidad, va aumentando el número: 2, 3, 4, etc. A partir del 9, se usan letras: A, B, C, etc. Normalmente el espacio se “lee” mediante telescopios fijos en superficie, por lo que, debido a la rotación de la tierra, cada región del espacio solo estaría siendo escuchada durante poco más de un minuto.

Radiotelescopios usados por el SETI

Antiguamente los ordenadores del SETI guardaban un registro en papel de dichas señales, que después eran revisadas a mano, buscando picos de intensidad. La mayoría de las señales son de nivel de intensidad entre 1 y 3 y de vez en cuando se reciben señales de rangos entre 6 y 9.

En 1977 se leyó lo siguiente: 6EQUJ5

Esta señal superaba ampliamente la intensidad de todas las recibidas hasta el momento. Y había algo mucho más interesante. La frecuencia de la señal estaba alrededor de los 1420Hz, coincidente con la frecuencia de emisión del hidrógeno.

Esto era muy interesante, pues la mayoría de los científicos de SETI consideraban que dicha frecuencia sería una de las frecuencias lógicas para usar en una señal del tipo “estamos aquí”, al ser claramente reconocible. Por supuesto, antes de sacar ninguna conclusión, el descubridor de la señal, Jerry R. Ehman, examinó primero todas las posibilidades.

Lo primero fue descartar que fuese un fenómeno natural, como un planeta, asteroide o estrella. Los análisis de los mapas celestiales lo descartaban, al provenir de una región del espacio teóricamente vacía. Después se investigó las órbitas de los distintos satélites artificiales, pero nuevamente ninguno encajaba. De forma similar se descartó la posibilidad de que fuese una señal emitida por un avión, o una señal rebotada desde alguna antena en tierra. Hay que tener en cuenta que la frecuencia 1420 está restringida y no se permite para usos civiles.

Así que, una vez descartadas todas las explicaciones para un origen natural y para un origen artificial terrestre, se pensó en la posibilidad de que fuese una emisión de algún tipo de inteligencia extraterrestre. El problema es, de ser así, ¿por qué solo se recibió esta señal una vez? Ehman opina que, de ser de origen alienígena, la señal no sería un mensaje destinado a decir “estamos aquí”, sino que tendría otra función.

El auténtico problema es que esta señal, ni ninguna parecida, fue vuelta a detectar. Con lo cual, a día de hoy, sigue inexplicada.

Fuentes (en inglés)
Caneles de Marte en Wikipedia
Percival Lowell en Wikipedia
The discovery of Pulsars en BBC
Wow! Signal – 30th Anniversary Report por Jerry R. Ehman

Imágenes
Mapa de los caneles de Marte, por Giovanni Schiaparelli, obtenida en Wikimedia (Dominio Público)
Is anyone out there? de Cuellar, CC Reconocimiento No Comercial en Flickr